martes, 15 de julio de 2008

La Pasión

Recorrí lentamente con la mirada el contorno de su cuerpo en la cama.
Me sentí tan afortunado por el hecho de que estuviera a mi lado que se me erizaron los pelos del brazo. Con el dedo índice de mi mano derecha, y apoyado con la otra en la cama, recorrí cada una de sus curvas, del tobillo hasta el cuello.
Noté como su cuerpo se estremecía y como se le ponía la piel de gallina. Sonreí divertido y acerqué mi nariz a su piel. Aspiré su aroma intensamente y deposité un beso suave en su hombro.

Creo que aun no se había despertado. Las sábanas estaban revueltas, y sobre su espalda se reflejaban las sombras de la persiana semibajada con la luz del amanecer.
Tenía los pies metidos bajo el doblez de la sábana, que estaba apartada al final de la cama, y se agarraba a sus propios brazos como si tuviera frío. Estaba en una posición fetal, lo que daba un aspecto tierno que no tenía si no dormía.
Yo me moría por sus besos y recordaba una y otra vez la pasión con la que me había desnudado hacía unas horas. Contemplé sin parar de sonreír las prendas diseminadas por el cuarto, todas revueltas y tiradas en sitios y posturas diferentes.

Me levanté, completamente desnudo, sin sentir vergüenza ninguna y caminé despacio hasta el baño, descorrí la cortina y me introduje en la ducha.
No había parado de sonreír en ningún momento. Mientras me duchaba pensaba en lo rara que es la felicidad. Para muchos es dinero, una casa, hijos... Para mí era una noche al mes, en un mal motel de carretera, con la persona que más amaba y con la que el mundo se empeñaba en no dejarme estar...

2 comentarios:

Fran dijo...

Está bien jeje me gusta la escena

EL TABERNERO dijo...

Pues sabes que yo también estoy escribiendo un relato erótico, pero el mío, por exigencias del guión -es un decir- va a ser más largo. Me temo que me está quedando más que sensual, patético. Pero que le vamos a hacer. Me dijo una vez un colega que toda la literatura, los argumentos, se podía resumir con los siete pecados capitales bíblicos, y creo que es verdad; pero sobre todo, me parece a mí, que lo más recurrente son los temas lujuriosos, enmascarados o no, y la vanidad. Es que acabo de leerme "La hoguera de las vanidades", y menudo trallazo.
Sin rodeos, que me gusta tu relato.
Un saludo.