miércoles, 9 de julio de 2008

La bola de nieve.

Los rumores. Son pequeñas frases o palabras que surgen de bocas o dedos y que comunican algo que no se sabe con certeza. Muchas veces son fundados en interpretaciones que hacemos de palabras cazadas al vuelo o de imágenes que se presentan ante nuestros ojos por casualidad. Pero nunca están contrastados.

Como periodista sé muy bien que debo evitar este tipo de información, pero no puedo evitar sentir una cierta curiosidad traviesa hacia el tipo de reacción y comportamiento que generan. A priori nadie desconfía de alguien cercano, por muy inverosímil que sea la información que le transmite, pero bien, esa información puede no ser real, puede no estar contrastada o lo que es peor, puede ser falsa del todo.
¿Qué ocurre entonces? Esa historia es tomada por cierta, es decir, en su totalidad, sin tener en cuenta ni por un momento la parte creíble y la increíble y es transmitida al entorno cercano al receptor como cierta aunque a él le haya llegado como probable y a su anterior interlocutor como improbable.
¿A qué os recuerda esto? A mi personalmente a una gran bola de nieve.
Las bolas de nieve empiezan siendo pequeñas y comienzan a rodar inocentes por una ladera hasta que más y más nieve queda adherida a su superficie y la velocidad va aumentando hasta alcanzar velocidades y tamaños de vértigo.
Los rumores actúan de la misma manera, uno empieza contándolo como algo anecdótico y poco probable y acaba siendo tomado por una verdad universal. s
¿Esto por qué ocurre? Muy sencillo, hay dos razones principales que lo explican. La primera es que todos tendemos a añadir u omitir detalles de las historias que contamos en función de la persona, el lugar o la situación en la que la contemos, por lo que el rumor puede ir engordando o deformándose a medida que se extiende. Y la segunda es que nadie desconfía, como he dicho antes, de un amigo. Y tus amigos no van a desconfiar de ti, ni sus amigos de ellos, por lo que el rumor boca a boca tiene gran fiabilidad y muchas posibilidades de extenderse rápidamente.
¿Qué hay de verdad en todo rumor? A veces nada. A veces si es cierto que cuando el río suena... pero las menos. Hay que tener cuidado con la información recibida, teniendo en cuenta y analizando como ha sido recibida esa información, porque a lo mejor te fías de tu amigo, pero ¿Te fías del amigo de tu amigo? También es importante tener en cuenta la posibilidad de contrastar la información y de que sea cierta y sobre todo, tratar de escuchar todas las versiones antes de creerlo.

Como periodista no debo creer en los rumores, pero existen, como la magia, y están en todas partes. Si no les prestase atención me estaría cerrando a una realidad que existe en toda sociedad y que forma parte de nosotros, me estaría cerrando a un fenómeno que ha levantado héroes y leyendas y que ha hecho caer a hombres y reyes de sus pedestales. Al principio nadie creía en el periodismo y hoy se valora su poder. ¿Por qué entonces no valorar los rumores? A mi modo de ver son fuerzas muy poderosas, aunque si bien es cierto que son poco controlables debido a su maleabilidad. Pero son dignas de atención y de estudio. Estoy seguro de esto. Tan seguro como que me lo contó un amigo mío...

2 comentarios:

judith dijo...

a veeer me encanta el final..jaja es taan cierto como k m lo contó un amigo mioo... pero como cada uno cuenta las cosas a su manera, en realidad no se sabe q parte del rumor es cierto o no...
pero ahi sta la gracia nooo??? muahaha...

EL TABERNERO dijo...

Hay por ahí un dicho que viene a decir que la verdad no debe estropear una buena historia; también escuché una vez que las cosas no tienen que ser reales sino parecerlo. No sé que decir, si se trata de periodismo informativo, está claro que los datos son los datos y poco más. Pero como, y esto es una afirmación gratuita, lo que abunda cada vez más son los periodistas de opinión, que en realidad son los que de verdad tiene gancho y muchas cosas que decir, los datos y la información objetiva pasan a un segundpo plano y lo que importa entonces, es su capacidad para hacernos reflexionar. Como nadie es objetivo y, aunque pocos lo reconocen, tampoco nadie lo pretende ser, me parece que hay que asumir que los rumores, las suposiciones, los chismes y las historietas rocambolescas, abundan, que le vamos a hacer, por todos lados.
Eso sí, los buenos opinadores son capaces de convertir un pensamiento distraido en una verdad y casi, porque a veces es así, en un dogma de fe. Y encima, rodeados de una coherencia que pasma. Me encantan los articulos de opinión.
Vaya parrafada caotica. Un saludo y suerte.