jueves, 5 de junio de 2008

Él y ella.

Él la miró.
Ella, con su falda negra, cerraba la puerta de la casa y mantenía las piernas en una graciosa postura con la rodilla derecha más adelantada.
Él sonrió al verla.
La rodilla de ella asomaba coqueta por debajo de la falda de gasa y describía una curva que descendía despacio, sin interrupciones hasta unos finos tobillos.
Llevaba puesta la tobillera que él le había regalado. Una fina cadena de oro con delfines engarzados. La joya descansaba sobre la tira negra de unos elegantes zapatos de tacón negros de terciopelo. El talón de la pierna adelantada se mantenía gracilmente en el aire.
Los niños dormían y él la amó como el primer día.

Ella abrió su diminuto bolso redondo de terciopelo negro y dejó caer con soltura el manojo de llaves dentro. Sin prisa, se llevó la mano al cabello por la parte de la nuca y se lo colocó con un rápido movimiento. Tenía una melena rubia algo cardada.
Él arrancó el automóvil sin dejar de mirarla.
Como el primer día, como si no hiciese ya veinte años de aquel 3 de julio, el corazón de ella latía con violencia. Por primera vez desvió los ojos almendrados hacia el que había sido su marido todos estos años y sonrió.
Él creyó morir.

Estaba perfectamente maquillada y peinada, los labios y ojos perfilados y pintados con un suave tono marrón. El resto de su indumentaria consistía en un vestido de tirantes y de gasa negro con un gran escote. En las orejas colgaban dos finos pendientes compuestos por dos tiras delgadas de oro; Y en el cuello un sencillo colgante dorado con la forma de un gran sol.
Nada más cubría su cuerpo, nada más hacía falta. El bolso colgaba de forma elegante de una de sus manos, con las uñas lacadas y brillantes. De la otra mano colgaba, con la misma elegancia, un fular de gasa negro que posteriormente habría de cubrir sus hombros.

Él se preguntó porque había tenido la suerte de conocerla.
Sin dejar de sonreír, ella abrió la puerta del coche y, colocando una pierna primero, se introdujo en el vehículo con un solo movimiento, se ajustó el cinturón de seguridad y miró a los ojos a su marido.
-Te amo.- Dijo él.
-Te amo.- Dijo ella.

4 comentarios:

Txïo [ 悲しい 瞳 の 女 ] dijo...

Me gusta
:-)

xicagolosa dijo...

..yo te amo..tu me amas..el me ama...nosotros nos amamos...vosotros os amais..ellos nos aman...oh cuanto amor!! ohohohohoh jejeje

Marcos Ortega dijo...

En una relectura he descubierto varios fallos imperdonables que debería haber solucionado antes de subir el relato: Reppito mucho algunas palabras como tira, fino y negro. Debo buscar sinónimos. Tambén hay un párrafo en el que utilizo el verbo colgar unas 100 veces. Perdonadme, si tengo tiempo lo corregiré, pero sabed que me he dado cuenta.

judith dijo...

ooohhh!!! no se si hay muxa gente k despues d 20 años d star con la misma persona ste tan enamorada... pero es digno d admirar, ojalaa m pasara... eso es bonitoo!!! jeje