martes, 15 de enero de 2008

Los mandos a distancia, esos grandes desconocidos

Supongo que muchos de vosotros habéis observado la insistente manía que tenemos los seres humanos con acceso a un televisor de apretar las teclas del mando con violencia cuando se acaban las pilas. ¿De dónde viene esa práctica ancestral y tan absurda? Hoy, sin mucho afán de investigador, me propongo desenmarañar este secreto que descansa en nuestro subconsciente colectivo.

Planteamos la situación: Un/una susodicho/a humano/a está en su casa viendo televisión. Como suele ser corriente, el canal elegido está en anuncios o bien está emitiendo uno de esos entrañables programas donde la gente se dedica a sacarse los ojos unos a otros. El caso es, que nuestro amable señor/a se cansa de dicho canal y toma la firme decisión de cambiar de cadena. Sin mucha intención de ejercitar ningún músculo que no esté por encima del pecho, nuestro amigo (si, ya es amigo, las barritas que las ponga cada uno en su cabeza) agarra el mando con una mano y con un dedo de esa misma mano pulsa un canal al azar (preferentemente el primero para comenzar a hacer zapping y cambiar). Al principio tarda un poco en reaccionar. Al darse cuenta que el mando no funciona lo mira (¡Atención, primero lo mira!). Es una acción que cerciora que no hayamos agarrado el mando a distancia del revés y que de paso le pregunta al aparato ¿Qué te crees que haces? Ante el silencio del pequeño rectángulo plastificado, nuestro hombre vuelve a repetir la acción de apretar el botón solo que en este caso el dedo hace una mayor presión sobre el desdichado botón. Nada. El mando a distancia parece estar burlándose de nosotros. En este punto tenemos dos opciones: Agarrar el mando con ambas manos y destripar el botón, o golpear la tapa de las pilas para que reaccionen (debe ser). El caso, es que rara vez estas técnicas dan como resultado el cambio de canal. Y si dan ese resultado, el canal en el que se habrá parado nuestro televisor será como poco cinco veces peor que el que estábamos viendo anteriormente. El caso es que nuestro amigo sigue negándose a levantarse y cambiar la tele sin mando o cambiar las pilas. Tras repetir un número indeterminado de veces la acción de apretar la tapa o el botón, nuestro hombre se rinde y, probablemente, se quede viendo el canal que estaba viendo.

Entonces: ¿De dónde viene esa insistencia por usar la fuerza bruta para arreglar cosas? Por que ahora se trata de un mando a distancia, pero empleamos la misma técnica para arreglar un ordenador, un cajero, una máquina de chicles, al perro o a la vecina. Todo falla, todo se arregla con golpes. Y de ahí no me saquen. ¿Qué la puerta del bus tarda en abrirse?, le arreo una patada. Qué las tostadas se han quedado atascadas, le doy un manotazo. Qué mi hermano se ha comido el último pedazo de tarta, agarro el cuchillo y... Me estoy desviando. Puede que esa necesidad venga de dos sitios: O bien de nuestra ignorancia sobre como arreglar las cosas de otro modo (poco conocimiento sobre electrónica, mecánica, relaciones humanas...) o de nuestro pasado animal. Y con pasado animal no quiero involucrar a todas esas criaturas sensacionales que pueblan nuestro planeta. No, con animal me refiero a bestia, zafio y abotargado.

De esta experiencia se desprenden varias cosas a las que podemos denominar como conclusiones del experimento:
-El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
-El hombre es, por naturaleza, vago.
-Nadie cambia las pilas del mando si puede evitarlo.
-Los aparatos que no funcionan no se arreglan con golpes. Si así fuera, los talleres estarían instalados en campos de rugby.
-Todos damos golpes a los aparatos que no funcionan.
-Todos alguna vez hemos arreglado algún aparato con algún golpe. -La conclusión cuatro y la seis se contradicen.
-El hombre aún no ha terminado de bajar del árbol.
-Cuando haya bajado del todo, lo talará.
-Todo lo que no conozco merece ser pateado.

Ahora juzgar vosotros mismos...

1 comentario:

Isabel dijo...

...buena descripción del hombre...

...las mujeres, en cambio, somos mundo aparte...(nótese el humor)...

MUA!