viernes, 11 de junio de 2010

Los polos invertidos (FIN)

Había estado esperando durante varias horas en la puerta de la habitación. No querían dejarle entrar hasta que no estuviera del todo despierto, pero le aseguraron que estaba bien. Al día siguiente le harían unas pruebas para comprobar los daños en la cabeza, pero probablemente pudiera marcharse a casa por la tarde. Borja tenía una pierna rota y varias contusiones en las costillas, por lo demás estaba sano. Una enfermera salió a decirle que Borja se había dormido y que podía regresar al día siguiente si quería. Julio preguntó si podía quedarse con él por si se despertaba y la enfermera lo dejó pasar a la habitación. Borja dormía tapado con una sábana hasta los hombros, tenía los brazos relajados y una pierna sostenida en alto. Julio pudo fijarse en sus facciones por primera vez. Parecía mucho más joven de lo que era y la tranquilidad de su cara recordaba una especie de serenidad que relajó a Julio. Sin saber por que, se acercó y dejó su chaqueta y la corbata en el sillón que había junto a la cama, luego se sentó y cogió la mano del chico. La enfermera volvió al rato con una almohada para Julio.

−No se preocupe, se pondrá bien.

−Gracias.

−Es muy guapo, menos mal que llevaba casco.

Julio sonrió.

−Sí, la verdad es que sí.

−¿Llevan mucho tiempo juntos?

−¿Perdone?

−Qué si…Oh, perdón, he supuesto que eran pareja… lo siento.

Julio miró a Borja y la enfermera se marchó de allí en silencio. Pensó que hubiera sido muy fácil tranquilizarla, decirla que no se preocupara, que no le había molestado y que no, no eran pareja. Incluso habría disfrutado pudiendo contarle a alguien la historia de cómo se habían conocido, pero no lo hizo. No sabía la razón, pero prefería no hablar de Borja, de momento era algo suyo, solo suyo. Su móvil sonó. Era un mensaje de Ramón. Apagó el teléfono sin leerlo. Colocó la almohada y volvió a agarrar la mano de Borja hasta que se quedó dormido.

Borja pone sin cuidado toda su ropa del armario en la maleta mientras Julio le mira desde el quicio de la puerta. No se han dirigido la palabra en todo el día y se han visto llorar varias veces.

Julio: No tienes por que irte, no seas cabezota, Borja, ¿es que no podemos hablarlo?

Borja: No tengo más que hablar, me quieres fuera de tu casa y eso haré. Me iré con mi mamaita y mi papaito a que me mantengan mientras hago fotos.

(Julio se calla lo que iba a decir y permanecen un rato en silencio.)

Julio: Escucha, sé que me pasé el otro día, pero había puesto mucha ilusión en el viaje.

(Borja sigue abriendo cajones y metiendo su contenido en la maleta.)

Borja: ¿Qué pasa que te ha entrado el miedo de que te denuncie y ya no quieres que me vaya?

Julio: ¿De qué? ¿Por qué ibas a denunciarme?

Borja: Por el accidente, por casi dejarme tullido.

Julio: Esto es el colmo, ¿pero se puede saber de qué vas? ¿Sabes que yo podría haberte denunciado a ti también? El accidente lo provocaste tú, las marcas en el asfalto eran de la moto, fuiste tú el que perdiste el control, ¿sabes?, siempre has tenido esa idea ridícula de que te tenía en mi casa por lástima. ¡No te conocía de nada, joder! Y hace ya casi seis meses, ¡seis meses, por Dios! Eso me pasa por enredarme con niños. ¿Y lo de casi tullido? Pero si tenías una pierna rota, pierna que hace ya más de un mes que está totalmente recuperada.

Borja: ¿Entonces no estás conmigo para que no te denuncie?

Julio: Con todo lo que me he gastado en ti estos meses habría cubierto de sobra una indemnización.

(Julio se sienta en la cama y mira a la pared, están en lados opuestos de la habitación, de manera que se dan la espalda.)

Julio: (Muy calmado) Lárgate.

Borja: Pero si no es por lástima puedo quedarme, ahora ya…

Julio: (Sigue calmado) Vete, Borja, no quiero volver a verte.

(Borja se queda quieto un rato sin saber que hacer, tiene una camiseta entre las manos. Llorando en silencio, termina de hacer la maleta, la cierra y sale de allí.)

Borja abrió los ojos, se sentía muy mareado y perdido. Vio las luces blanquecinas de los fluorescentes del pasillo y la sombra abotargada de su pierna. En seguida recordó lo que había pasado y se agitó. Entonces se dio cuenta de que su mano agarraba la mano de otra persona. Giró la cabeza y vio a Julio dormido sobre un sofá. Al moverse, se despertó también y lo miró sonriendo. No sabía que pensar, y, sobre todo, no entendía por qué se alegraba tanto de que aquel desconocido siguiera con él. Julio se levantó sin soltarle la mano y se acercó a la cama. Le preguntó si estaba mejor, con una voz muy grave y muy dulce, una voz que en seguida hizo que Borja se relajara y se dejara caer de nuevo sobre la cama. Asintió sin hablar.

−Llamaré a la enfermera.

−No, estoy bien, de verdad.

Julio puso su mano sobre la cabeza, no tenía fiebre, al menos no se le había infectado la herida.

−Dime la verdad, me la han amputado.

Permanecieron en silencio, luego Julio se echó a reír.

−Solo tienes la pierna rota, el médico ha sido muy optimista.

A Julio le pareció que se decepcionaba.

−¿Querías que te la amputaran o qué?

−Claro que no −dijo riendo.

Al día siguiente le hicieron las pruebas, momento que Julio aprovechó para irse a su casa, ducharse y volver con ropa limpia. Tuvo que mentir en el trabajo para faltar aquel día, pero quería asegurarse de que Borja no tenía nada. Cuando le dieron el alta, Julio insistió en que se quedara unos días en su casa hasta que pudiera manejarse con las muletas.

−Y que conste que solo me mueve el interés económico, en cuanto esté seguro de que no me vas a denunciar, te pongo de patitas en la calle −dijo Julio riendo mientras le ayudaba a meterse en el taxi.

Una calle de barrio, a la izquierda hay un local cerrado con una persiana metálica y un graffiti pintado. A la derecha hay un semáforo. Borja aparece por la derecha y camina perfectamente, lleva la maleta que ha sacado de casa de Julio y carga la muleta sobre el hombro. Llega a la puerta metálica y la abre, deja lo que lleva en el suelo y destapa su moto, la saca del garaje, cierra la verja y la arranca. Mientras cierra la persiana, un coche ha aparecido por la izquierda y se para junto al semáforo, es un Peugot 406 gris. Borja se monta en la moto, arranca y choca contra él.

2 comentarios:

Ms. Davis dijo...

no voy a mentirte, porlo general no leo tus relatos, prefiero tus opiniones, tus criticas , tus recomendaciones y comentarios. pero esta vezme has dejadodel todo sorprenda, es tanto lo que me a gustado que lo e copiadoparallevarmelo a casa y leerlo con tranquilidad, lo encuentro exelente a psar de que la narrativa me es extraña (aun no decido si megusta o me desagrada) tendre que esforzarme en encontrar que criticar, haz mejorado mucho.

Saludos

K dijo...

Vaya... es muy enigmático. Llegué hasta este escrito tuyo en específico por Mrs. Davis, y no me arrepiento en lo absoluto de los minutos gastados en la lectura. Me gusta como estás escribiendo, como sales de la estampa de periodista y cuentas una gran historia. Pero me quedan algunas dudas... en la forma de escritura se ve que los hiciste en momentos distintos, se nota en el ritmo y la intensidad de la historia... ¿por qué cambiaste la forma de narrar? Me gustaba el comienzo, y me desconcertó mucho cuando pasaste a una narración más cinematográfica, porque no veo que sea realmente intencional el cambio, como una forma de poner de manifiesto los cambios temporales o bien de foco. Quizás lo sea y no lo he visto XD. Como sea, me gusta, y creo que es un gran material, en especial si es que pretendes pulirlo un poco más de forma que todos tus lectores poco avispados (como yo) seamos capaces de comprender las intenciones profundas de tus palabras sin confundirnos.

Kisses!!!

K