martes, 23 de septiembre de 2008

El miedo a que nos hagan daño.

El miedo puede tomar muchas formas según cómo se manifieste y a quién se manifieste. Yo tengo muchos miedos. Algunos de ellos son el miedo a la soledad y el miedo a ser mediocre.
Pero conozco un miedo terrible que todos hemos padecido alguna vez: El miedo a que nos hagan daño. Y no es un miedo innato. No es un miedo que venga en nuestro cuerpo implantado como el aire acondicionado de serie en un coche. Es un miedo adquirido, que se aprende (o más bien que se pega).

No hay más que ver a los niños. Ellos no tienen miedo a hacerse daño con las cosas hasta que no se caen por primera vez (caen, queman, cortan...). Nosotros somos así. No tenemos miedo a que alguien nos haga daño si no nos han hecho daño anteriormente.
Pero lo peor de este miedo, es que tiene la característica de todos los miedos: No dejarnos actuar con la cabeza fría. Poco a poco, este miedo puede ir paliándose, eso sí, nunca desaparecer. Y es que, el sentirnos traicionados, es lo peor que nos puede pasar y nos vuelve mucho más fríos y distantes, nos obliga a rechazar oportunidades que no deberíamos dejar escapar. Nos hace dejar pasar a personas...especiales. Y todo por miedo a sufrir. Y no nos damos cuenta, que con ese miedo, con ese monstruo negro que tenemos atenazando nuestro corazón, también estamos sufriendo. Por que el que teme sufrir, también sufre el temor.
Es tan grande el miedo a que vuelva a pasarnos otra vez, que supera las mayores expectativas de felicidad que pudiéramos concebir al unirnos a otra persona.
Ese miedo, colocado dentro de nosotros por otra persona, es como un virus que se propaga. A mí me han hecho daño y tengo el virus, pero si no hago nada por luchar contra él, y dejo escapar a alguien, puede que le esté transmitiendo ese virus, puede que esa persona me necesite y que yo le esté haciendo daño al no atreverme.
Es tan fuerte el miedo, que preferimos vivir toda la vida con la duda de ¿Qué hubiera pasado si me hubiera atrevido? Antes que exponernos si quiera a otra decepción.

¿Y qué pasa con la persona que nos ha “contagiado” el miedo? Esa persona desparece después de haberte pegado el virus. Esa persona es como un mosquito, que te pica y se va, dejándote la picadura para ti. Y lo peor de esta picadura, es que no es de las que se van con el tiempo por sí solas. No. Esta picadura solo se va gracias a la acción de otras personas sobre ellas. Y esa es su gran ventaja, que el miedo juega sabiendo que solo será expulsado si dejamos entrar a otra persona dentro de nuestro corazón, pero él mismo se encarga de que eso no sea así, de que no seamos capaces.

Por eso mismo, amigos, es muy importante plantarse con un par de narices frente al dragón negro, arremangarse y decir: Quiero intentarlo; quiero que si sale mal, al menos haya podido disfrutarlo; quiero ser libre...quiero ser feliz. Eso nos hará más fuertes, nos hará valientes...nos hará libres.

8 comentarios:

Whaden dijo...

El miedo: "Esa sensación irracional producto de nuestra ignorancia..."
Yo creo que una vez te hacen daño y sabes que hay gente así en el mundo, aprendemos, no tememos, y el miedo como tal queda relegado de nuevo a lo desconocido...
A veces, el miedo a que nos hagan daño (que no es más que el desconocimiento de la persona que cuestionamos), puede impedirnos disfrutar de nuestra vida e incluso ser felices.

Laura dijo...

Querido Marcos, no sabes como duele reconocerme en tus entradas...
Me han picado tantos bichos que me pregunto si existe alguna inyección que me haga inmune el corazón... lamentablemente (o afortunadamente) soy adicta al amor... así que, a seguir sufriendo compañero...

Laura dijo...

en respuesta a tu pregunta... Compañero Marcos, estoy en el intento, solo en el intento... pero jugar tiene su precio,no? Al menos juguemos a soñar con que podemos... y talvez, la ley de la atracción haga su parte.

Lila dijo...

el sufrimiento a veces le da un significado a las experiencias, el miedo se debe afrontar evitando que este mismo nos atonte a la hora de actuar, y si algo sale mal sufrir con orgullo!!!! no miserablemente.
aunque terrible esa semilla que siembran algunas personas, no hay que dejar terreno fertil para que germine, la verdad el miedo que nos posee mata las posibilidad de llegar a momentos felices.
gracias por el apoyo

Laura dijo...

uFFF....
Lo peor es cuando uno pica y es picado... pq solo vemos lo malo q nos hacen, pero... ¿y lo que hacemos? No somos todos libres de pecado...
Así que mejor tiro la piedra al suelo y reconozco haber sido una hija de puta con la única persona que me importaba, no sin antes gritarle al mundo que también él me picó, y con un veneno taaaaan difícil de quitar...que me ha costado 6 meses de perdición.
Marcos, mil besitos, de corazón,
-LaU-

Anónimo dijo...

Gracias, por estas palabras plasmadas, saciaron mi necesidad de volver a comprender que el miedo paraliza, y que si bien es recurrente yo se que se va a presentar la oportunidad de enfrentarlo, y voy a estar preparada. sos muy claro en tus palabras, gracias nuevamente.

Anónimo dijo...

Al menos me alegra encontrar que hay gente que tiene la misma opinión y que, a pesar de lo pasado, lo sigue intentando. De todas formas debo admitir que, a veces, cierro compuertas y cuesta abrirlas, porque me pongo a mi misma la excusa de estar harta de ser yo quien haga el esfuerzo y quiero que llegue alguien más fuerte que yo, que se abra paso, que quiera conocerme y que por una vez me salven a mi...

Anónimo dijo...

Ese miedo lo he sentido y estoy seguro que lo he producido y en ningún momento adrede sino al interponer muros entre esa persona y yo. El mayor error es que puede que pensara que no me gustaba y era todo lo contrario me gustaba demasiado para abrirme a ella y exponerme a su decisión, y con esta salir mal parado y hundirme. Con esto quiero decir que normalmente ese miedo no tiene un mosquito que lo transmite,sino que se extiende de persona a persona.
Ser un covarde a veces parece mejor que ser un valiente despreciado.