martes, 30 de septiembre de 2008
Telefónica
Escribo este post para indicaros que recuperaré las actualizaciones de esos días actualizando (el actualizador que desactualice...) durante cada día esta semana. Así que poneros las pilas que viene una semana movidita con tanta actualización.
jueves, 25 de septiembre de 2008
"Ahora te llevaré a un lugar donde el mundo quede lejos y yo te pueda besar."

ESTRIBILLO
Y tengo mil razones más para olvidarte que para esperarte,
y tengo mil motivos más para mirar atrás y no adelante.
Pero ahora que te tengo aquí se me ocurren mil sitios donde amarte.
Y aunque no pueda ser así, cierro los ojos y un, dos, tres.
Un, dos, tres.
Un, dos, tres, cierro los ojos y ahora sí, vuelves a estar aquí.
Un, dos, tres, y qeu difícil luego abrir, desvanece si me olvido de ti.
Un, dos, tres, que yo lo entiendo pero explicale a mi boca que no avance, que hoy no toca tú y yo.
Ahora te llevaré a un lugar donde el mundo quede lejos y yo te pueda besar.
ESTRIBILLO
Y voy despacio, muy lentamente, me voy enganchando a tu cuerpo desde fuera para dentro y un, dos, tres.
Un, dos, tres.
Muchas veces (la mayoría de ellas) el corazón se salta a la torera las leyes del debería ser. Se inventa unas normas diferentes y las sigue... hasta el día de hoy, nadie ha sabido nunca cuales son esas leyes. Ojalá pudiera llevarte lejos, muy lejos...
martes, 23 de septiembre de 2008
El miedo a que nos hagan daño.
Pero conozco un miedo terrible que todos hemos padecido alguna vez: El miedo a que nos hagan daño. Y no es un miedo innato. No es un miedo que venga en nuestro cuerpo implantado como el aire acondicionado de serie en un coche. Es un miedo adquirido, que se aprende (o más bien que se pega).
No hay más que ver a los niños. Ellos no tienen miedo a hacerse daño con las cosas hasta que no se caen por primera vez (caen, queman, cortan...). Nosotros somos así. No tenemos miedo a que alguien nos haga daño si no nos han hecho daño

Pero lo peor de este miedo, es que tiene la característica de todos los miedos: No dejarnos actuar con la cabeza fría. Poco a poco, este miedo puede ir paliándose, eso sí, nunca desaparecer. Y es que, el sentirnos traicionados, es lo peor que nos puede pasar y nos vuelve mucho más fríos y distantes, nos obliga a rechazar oportunidades que no deberíamos dejar escapar. Nos hace dejar pasar a personas...especiales. Y todo por miedo a sufrir. Y no nos damos cuenta, que con ese miedo, con ese monstruo negro que tenemos atenazando nuestro corazón, también estamos sufriendo. Por que el que teme sufrir, también sufre el temor.
Es tan grande el miedo a que vuelva a pasarnos otra vez, que supera las mayores expectativas de felicidad que pudiéramos concebir al unirnos a otra persona.
Ese miedo, colocado dentro de nosotros por otra persona, es como un virus que se propaga. A mí me han hecho daño y tengo el virus, pero si no hago nada por luchar contra él, y dejo escapar a alguien, puede que le esté transmitiendo ese virus, puede que esa persona me necesite y que yo le esté haciendo daño al no atreverme.
Es tan fuerte el miedo, que preferimos vivir toda la vida con la duda de ¿Qué hubiera pasado si me hubiera atrevido? Antes que exponernos si quiera a otra decepción.
¿Y qué pasa con la persona que nos ha “contagiado” el miedo? Esa persona desparece después de haberte pegado el virus. Esa persona es como un mosquito, que te pica y se va, dejándote la picadura para ti. Y lo peor de esta picadura, es que no es de las que se van con el tiempo por sí solas. No. Esta picadura solo se va gracias a la acción de otras personas sobre ellas. Y esa es su gran ventaja, que el miedo juega sabiendo que solo será expulsado si dejamos entrar a otra persona dentro de nuestro corazón, pero él mismo se encarga de que eso no sea así, de que no seamos capaces.
Por eso mismo, amigos, es muy importante plantarse con un par de narices frente al dragón negro, arremangarse y decir: Quiero intentarlo; quiero que si sale mal, al menos haya podido disfrutarlo; quiero ser libre...quiero ser feliz. Eso nos hará más fuertes, nos hará valientes...nos hará libres.
domingo, 21 de septiembre de 2008
En el tejado...
a hablarle a las estrellas de ti."
Sí, en efecto. Hoy voy a quedarme mirando al cielo y pensando en todo lo que tenga que pensar. Espero no llegar a ninguna conclusión, pues tengo todo bastante claro.
Y odio que tú también tengas claras determinadas cosas, pero es injusto.
Es injusto que no te (me) des una oportunidad, es injusto que te (me) juzgues por hechos pasados y es injusto que no vayas a leer esto y que aunque lo leyeras... no te vaya a hacer cambiar de parecer.
La frase es mía, la vida... la vida a veces también.
viernes, 19 de septiembre de 2008
Juno

miércoles, 17 de septiembre de 2008
Guille... el gran Guille.
lunes, 15 de septiembre de 2008
Abrazos

Y yo he dicho: voy a hablar de abrazos. Y no sé que decir.
Me gustan mucho los abrazos. Sobre todo los fuertes, en los que las dos personas se abrazan con ambas manos y uno puede notar la mano del otro apoyada sobre su espalda.
Creo que por eso me gustan tanto, por poder notar las manos de los demás. Por sentir el apoyo, el cariño, por poder notar que no estamos solos.
Hay veces que necesito ser abrazado y no tengo ningún tipo de razón. Quizás por eso no voy abrazando a la gente, porque casi siempre la gente busca una explicación o una razón a un abrazo... y la mayoría de las veces no la hay, o no la tengo.
Otros días me apetece más abrazar que ser abrazado, porque tenéis que saber que una cosa es abrazar y otra que te abracen, se necesita mucha fuerza interior para dar una abrazo de verdad. Un abrazo de esos que te derrumban y te hacen empezar a llorar. Un abrazo de los que hacen que te sientas tan seguro, que quites todas las barreras y reconozcas que necesitas ayuda y apoyo.
Pero sin duda, lo que más me gusta es, sentir que necesito un abrazo y que alguien me lo dé sin pedirlo...
Quizás no lo sepas o quizás no lo parezca, pero a veces un gesto, una palabra, un apretón de manos, un abrazo... pueden hacer mucho por alguien y casi nunca te lo va a pedir.
Por eso yo te animo a que siempre que te sientas con ganas de hacerlo, des abrazos a los que más quieres. A lo mejor tú no los necesitas y la otra persona los está esperando. A lo mejor arrancas una lágrima o una sonrisa, a lo mejor haces que alguien deje de sufrir ...y no lo sabes.
sábado, 13 de septiembre de 2008
Felicidad...
jueves, 11 de septiembre de 2008
Julia y Javier
-¿Quieres decir que esto es el final?-
Julia asintió en silencio y le tomó la mano suavemente.
-Tienes que entenderlo. El camino se separa aquí. Yo debo marcharme.-
El chico bajó la mirada entristecido, pero no soltó su mano de la de Julia.
-¿Y si no quiero?- Ella le miró sin comprender. - ¿Y si tom

Julia sonrió como se les sonríe a los niños cuando dicen disparates. Le soltó la mano.
-En ese caso caminarías junto a mi, pero no conmigo como lo has estado haciendo hasta ahora. De todas formas sabes que ese no es tu camino, es el mío.-
Hubo un silencio incómodo. Julia se puso en pie y se colocó delante de Javier.
-Llevamos tres años caminando el uno con el otro por ese camino.- Señaló al camino que tenían detrás, el que les había conducido hasta allí.- Pero yo ya no puedo seguir caminando contigo. Ni tú conmigo por mucho que lo niegues. Ahora no lo entiendes, pero pasado el tiempo, cuando aprendas a caminar solo de nuevo, cuando encuentres a otra persona mejor que yo para caminar, lo entenderás.-
-Yo no quiero caminar con otra persona.- Dijo enfadado.
-Lo querrás. Ódiame si quieres, pero los dos sabemos que esto es lo mejor, que nuestro camino juntos ha finalizado.-
Javier volvió a bajar la vista y comenzó a entrelazar sus manos.
-Ya llevo aquí parada mucho tiempo Javi, he de irme.-
Él alzó la mirada.
-No te vayas todavía. Si hemos de separarnos, quédate aquí conmigo un par de noches.-
Julia negó con la cabeza.
-No, yo quiero caminar, necesito caminar. Voy a irme.-
-Y yo te esperaré aquí.-
Ella volvió a sonreír.
-No lo harás. Puede que te quedes aquí un tiempo, pero yo no voy a volver, cuando lo comprendas, empezarás de nuevo la marcha.-
Julia esperó unos segundos a que Javier intentará despedirse de él.
-¿Nuestros caminos no se van a volver a juntar nunca?-
-No lo sé. Es posible. Este mundo es muy pequeño. Quizás se junten y volvamos a caminar de la mano. Quizás no te vuelva a ver. Quizás nos juntemos y no caminemos a la vez. No puedo saberlo.- Hubo otro silencio. -Me voy Javi, siempre te recordaré como mi primer compañero.- Se agachó hasta depositar un beso en la mejilla del muchacho y se dio la vuelta. A los pocos minutos, Javier ya la había perdido de vista.
Una lágrima cayó lenta y sigilosa por su mejilla, borrando el rastro del beso de Julia.
-Adios.- Musitó casi en silencio.
martes, 9 de septiembre de 2008
"Me perdí luego por la tierra injusta, como quien busca amigos o ignorantes amantes"

sino contigo misma...
De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.
Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.
Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.
Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.
Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.
Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?
Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.
domingo, 7 de septiembre de 2008
Los girasoles.

viernes, 5 de septiembre de 2008
"Si quieres bailamos"

miércoles, 3 de septiembre de 2008
Quemando recuerdos

-¿Aún guardas las fotos y recuerdos de” ese amor”?-
Yo le miré, en silencio todavía. Él no me miraba a mi. Estaba contemplando absorto el baile de las llamas. El fuego se reflejaba en sus pupilas y parecía hacérselas más vidriosas de lo habitual. Creí que se iba a poner a llorar. Me pregunté en ese momento si él también echaba de menos a alguien, si esa pregunta no ocultaba en realidad una historia que contar.
-Sí, guardo todos los recuerdos de todos los amores.-
Él asintió en silencio y dejé de mirarle durante unos instantes. Volví a concentrar mi mirada en el fuego. No hacía calor, era una noche fría y nos encontrábamos a cierta distancia de las llamas. Las risas de los demás se oían muy lejanas, como en otra dimensión. No tardaría mucho en venir alguien que hubiera notado nuestra ausencia y llevarnos de nuevo con todos.
-¿Por qué lo preguntabas?-
Hizo un gesto con la boca antes de responder, como si no le gustase la respuesta. O quizás de desagrado por haber roto el silencio.
-Yo siempre quemo las fotos y las cartas. Los regalos los doy o los tiro. Es una manera de desprenderme del pasado y poder comenzar una nueva vida sin ataduras que me liguen a nadie.-
Nos quedamos en silencio. Yo no pensaba igual que él, el pasado siempre tiene que estar presente para poder aprender de él, pero era su dolor y cada uno lo lleva como quiere.
-¿Tú por qué los guardas?-
Sonreí.
-Por que son parte de mi vida. No tiraría antes una carta de un amor que una carta mía.-
-¿Y no te duele verlas o leerlas?-
-Sí.-
Aún estábamos mirando las llamas. Creo que le di un par de sorbos a mi cerveza.
-¿Entonces?-
-¿A ti no te duele recordar “ese amor”? ¿No te duele pasear por las calles por las que paseabais juntos? ¿No te duele saber que ahora está con otro? ¿No te duele recordar la forma en que os reíais de las mismas cosas? ¿O recordar como te miraba?-
-Sí, claro que sí.-
-¿Y con eso que haces? Eso no lo puedes quemar. Los recuerdos no es algo de lo que te desembaraces y punto. Va a estar ahí siempre. Y siempre te va a doler. Entonces, ¿Porqué quemar las fotos y las cartas? No me duele la foto, me duele recordar el momento que vivimos juntos. Y eso no se borra quemando la foto. No me duele la carta, ni el estilo de su letra. Me duelen las palabras...Y no las voy a olvidar nunca. Aunque queme la foto.-
-Entiendo.-
Pero no me entendía. Quizás esperaba una respuesta algo menos sentimental, tal vez pensaba que estaba borracho. Me daba igual. Yo jamás quemaría sus recuerdos. He de aprender a convivir con ellos como conviviría con unos antecedentes penales. Ningún delincuente pasa a ser inocente por quemar una sentencia o una multa. Ni se perdona a si mismo cuando sale de la cárcel. Eso es algo que solo se puede hacer por dentro.
-Además, no los quemaría por que no son sus recuerdos... sino los míos, y no pienso quemar una parte de mí mismo.-
Me puse en pie y me alejé de allí.
lunes, 1 de septiembre de 2008
Mis estrellas fugaces...

Es en esos cielos en los que se ven las estrellas fugaces. Y no son fenómenos aislados, pasa una cada pocos minutos. Este verano yo me alejaba decidido de la zona urbanizada de mi pueblo y me tumbaba ansioso en un prado... a buscar estrellas fugaces.
Y es que dicen, que por cada estrella fugaz que ves, puedes pedir un deseo. Eso si, tienes que pedirlo mientras estás viendo la estrella y sin contárselo a nadie. Si la estrella la vezs tú solo, el deseo se te cumplirá seguro.
Y así me pasaba yo las noches de verano, buscando estrellas fugaces a las que pedirles deseos, buscando apoyos que apuntalen la nueva temporada de mi vida y ofreciéndole al destino motivos y razones para hacer de todo lo que hago algo especial.
Ya estoy de vuelta en Madrid... aquí no hay cielo, o al menos no uno con estrellas... y menos con estrellas fugaces. Se me acabó el pedir deseos a un ente superior misterioso.
Ahora me toca cumplirlos.
He vuelto, espero que con más fuerza que antes o al menos con la misma.
Espero que sigáis aquí los que alguna vez estuvisteis y que os siga gustando lo que hago.
Un abrazo:
Marcos Ortega.