lunes, 18 de octubre de 2010

María Magdalena

Se lo habré dicho unas cien veces: “¡Qué no! ¡Qué no soy María Magdalena, leñe!”, pero a él le da lo mismo, oiga, es una cosa incomprensible. Y no se crea que me lo dice y ya está, que ahí una podría soportarlo, pero claro, lo dice y empieza a perseguirme por la calle, que ya sabemos todos lo que piensa aquí la gente del barrio, pues él nada, es una cosa mala, me ve salir del portal y empieza a perseguirme con la biblia en la mano. Que ya empiezo a tener miedo, no se crea, que a veces se le ponen esos ojos así como de lunático, con las pupilas y el iris todo rodeado de blanco, con los ojos muy abiertos. Lo que yo no sé es esa manía por la Magdalena, ¡ni que fuera Proust!, además yo debo ser lo menos parecido a María Magdalena que haya por aquí, ya ve usted, con este pelo rubio y mis ojos azules, que ya sé que en la biblia no se dice nada de cómo era ella, o sí lo dice, vaya usted a saber, pero no creo que en aquella época y en aquel lugar hubiera muchos rubios, que una vivirá en la barriada, pero es un poco culta, ¿no le digo que he leído a Proust?, lo de entenderlo es otra cosa, pero leído está.
Pero lo de leer la biblia es otra cosa, que se le cae a una de las manos con esos papelillos amarillos que parecen papel de fumar, que parecen hojas de calco. De pequeña recuerdo que me daba a mí por pensar que solo estaba escrita la última hoja, fíjese, y me pasaba las clases de religión divagando e imaginando que todo lo que nos contaban en clase se podía resumir en una hoja. Si llego yo a saber que me iba a pasar esto claro que presto más atención, sobre todo en la parte de María Magdalena, que más allá de la historia de las piedras y el adulterio, poco más se sabe. Y mire que yo adúltera nada eh, si acaso algo liberal, eso sí pueden decírmelo, pero una siempre ha sido muy decente y muy señora de su casa, pero de ahí a adúltera…
Otra cosa que recuerdo, así pensando un poco en la mujer, es que fue la que se encontró el sepulcro vacío, usted debe saberlo bien, en este país no sé si hay alguien que no lo sepa. Pero, claro, yo no sé si se refiere a eso cuando me llama María Magdalena, ¡es que no hay mañana que no me lo diga!, y yo todos los días mientras voy al super la misma historia: “¿Y por qué me lo dirá?”, me supongo que será por lo del sepulcro, vaya usted a saber, si mi marido se llama Alejandro, ya ve usted que bíblico todo. Si me dijera que mi nombre es María, o Judith, o Salomé, pues bueno, ahí podría tener algo de razón, pero Claudia, si nombre más romano no puede ser, si hasta parece que me sale un moño solo de decirlo, así con una túnica blanca, ¿verdad que me pega?, pero María Magdalena… Es que, fíjese, que ya hasta me lo tomo como un insulto, que igual hasta lo dice por ofender, yo creo que no, que me gusta a mí pensar bien de la gente, soy así de tonta, pienso bien hasta del señor del primero que lleva dos meses llamándome María Magdalena. Mi madre siempre me decía que de tan buena que era algún día me volvería tonta, yo pensaba que acabaría tonta, pero sin darme cuenta, como esas tontas que viven atrapadas en sus casas tan felices por que el marido no las deja salir a la calle y viven rodeadas de batas y rulos. Yo pensé que mi madre se refería a aquellas tontas. Y que ahora ya no me parecen tan tontas, no crea, que al menos nadie va a sus casas a llamarlas María Magdalena. Y seguro que alguna hay, que aunque una no quiera, aquí se entera de todo. Fíjese, una persona culta como yo, que va al supermercado de manera tan natural y en la cola se encuentra con la vecina y claro, por educación, por supuesto, pues la saluda. Y ahí empieza todo. Que bien sabe usted que a las personas como yo la vida de los demás como que no nos interesa, bastante tenemos con nuestros propios problemas, pero eso de andar siempre con las orejas en la cabeza es lo que tiene, que se entera una de todo a poca atención que preste. Y yo sé que de mí murmurarán: “Que a saber por que la del tercero se deja llamar Magdalena de esa manera por el militar”, “Adúltera no sé, pero cuando el río suena…”, “Ese hombre jamás ha dicho nada a nadie, oye, ni una sola vez le he visto yo montar un espectáculo en los veinte años que lleva aquí el pobre viudo, que será cosa de ella fijo”. Menos mal que una es culta y de estas cosas pasa, que si no ya me veía sin salir de casa, y casi mejor, fíjese lo que le digo, que se empieza a cansar una de todo.
El caso es que a mí lo que más me mortifica es pensar la razón del mote, no se crea que no se lo pregunté, claro que lo hice, pero el hombre, el teniente como lo llama mi marido, no atiende a razones, sale de su casa nada más me escucha bajar, que es una cosa mala, oiga, como si me presintiera, ni verme por la mirilla puede, siempre que bajo ya está en el descansillo con la biblia en la mano. Yo siempre le digo a mi Alejandro que cualquier día me hace algo, que este hombre es peligroso, pero él se ríe, claro, como luego él se va de cañas y tan amigo del teniente… El caso que cuando bajo ya está allí con la biblia en la mano. Es una pequeñita, de esas de papelería, con las tapas marrones de plástico. No está muy usada, pero claro, de tanto meneo que le da al perseguirme pues la tiene ya hecha un desastre, que parece que la haya atropellado un coche. “Pero deje de llamarme eso, señor Gómez, ¿Por qué me lo dice?, ¿es por el pelo?”, y nada, él pone esos ojos así de maniaco y empieza a gritar más fuerte, que me salgo del portal nada más de la vergüenza, fíjese, un escándalo, claro, al principio las vecinas salían, que a estas no se les pasa ni una, ya ve, pero ya ni salen, se quedan mirando por la mirilla, por que a eso no pueden resistirse, que yo lo sé, veo como cambia la luz cuando abren y cierran el ventanuco. Y por la calle aún me persigue un poco. Yo hago como la que no va conmigo, como si hablase a otra persona y ando un poco deprisa, ya se cansará, me digo. Y, efectivamente, se cansa siempre al doblar la esquina. Parece que lo tiene medido, siempre son quince veces las que me lo llama cada mañana. Pero alguien tiene que salir a recoger al niño del colegio, o a hacer la compra, ya ve usted. Y lo peor, que quizás no opine usted lo mismo, es esa duda de saber por que me llama así, que a mí los gritos como que me dan un poco igual casi, si, total, las vecinas van a hablar igual, que lo sé yo, pero me gustaría saber la razón. ¿Usted, por qué cree que es, doctor?

jueves, 7 de octubre de 2010

¿Verdad?

La verdad y la mentira, así como algo abstracto no dicen nada. Solo existe la verdad en contradicción con la mentira, pero nada es ni verdad ni mentira. Todo el mundo cuenta verdades que son mentiras y mentiras que son verdades. Mi verdad, en realidad, no es mi verdad. Pero, claro, todo el mundo necesita tener una verdad para poder existir, o, al menos, creer que la tiene. Es fácil. Solo hay que pensar mucho en uno mismo. Pensar tanto que te parezca que ya no existe nadie más, creerte que eres único de verdad y que realmente a los demás les fascinas. Si de verdad puedes llegar a creerte que a los demás les importa alguien más que ellos mismos, has llegado a tu verdad.
Otro requisito indispensable para llegar a creerse que se tiene una Verdad es admitir, en consecuencia, que los demás no tienen una verdad propia y, que si la tienen, es mentira.
Ahí entra la contradicción entre la verdad y la mentira: Mi verdad es mentira para los demás, pero es verdad para mí. ¿Cómo puede una cosa ser verdadera y falsa al mismo tiempo? ¿Pueden los ángeles volar hacia atrás? ¿Puede Dios crear un caramelo tan ácido que ni el mismo pueda comérselo? Misterios de la vida cuya respuesta, probablemente, no sea ni verdad ni mentira.
Hay mentiras (y verdades) mucho más claras. Los hechos suelen ser la mayor mentira que existe. Y son mentira porque damos por sentado que un hecho es eso, un hecho, que no se puede variar, que es objetivo e igual para todos, aunque, por supuesto, esto también es mentira. Pero claro, si tomamos como base que esa mentira, muy muy gorda, es verdad, todas las decisiones y las conclusiones a las que lleguemos a raíz de ella serán, obviamente, mentira.
Entonces, ¿dónde está la verdad? Probablemente la verdad está en aquello que no nos planteamos. Verdad será que yo creo que algo es verdad, siempre y cuando no nos mintamos a nosotros mismos. Verdad será que esté enfadado, o triste, o melancólico (que no son sinónimos, ni mucho menos), o un millón de cosas. Verdad es que nada es cierto (incluso esto). Verdad es que puedo dudar de todo y de todos. Hay muchas verdades, como puede verse, no todo es de color negro.
Aún así, la gente siempre otorga el calificativo negativo a la palabra mentira. Nunca a la verdad. Como si la verdad fuera buena. ¿Es bueno enterarnos de que nuestro ser más querido es un asesino en serie? No. Probablemente es cierto que lo sea, puede que sea el asesino más sanguinario del mundo, pero si vivimos ajenos a ello, si nos miente, nuestro mundo seguirá organizado. La verdad está bien, pero no la sobrevaloremos. Al igual que la mentira, dejemos de azotarla. Demos por sentado que todo el mundo miente o ha mentido alguna vez en su vida. Siempre. Casi me dan ganas de escribirlo en mayúsculas. Todos mentimos alguna vez, solo que para hacerlo, hay que tener gracia.

sábado, 10 de julio de 2010

Vacacioneando como Dios manda...

Este blog se va de vacaciones (sí, supuestamente no lo estaba) hasta nueva orden. Por fin podréis descansar :)

miércoles, 7 de julio de 2010

"Y con mi mano repaso las lindes delicadas de tu vivir retraído."

Después del amor- Vicente Aleixandre

Tendida tú aquí, en la penumbra del cuarto,
como el silencio que queda después del amor,
yo asciendo levemente desde el fondo de mi reposo
hasta tus bordes, tenues, apagados, que dulces existen.
Y con mi mano repaso las lindes delicadas de tu vivir retraído.
Y siento la musical, callada verdad de tu cuerpo, que hace
un instante, en desorden, como lumbre cantaba.
El reposo consiente a la masa que perdió por el amor su forma continua,
para despegar hacia arriba con la voraz irregularidad de la llama,
convertirse otra vez en el cuerpo veraz que en sus límites se rehace.

Tocando esos bordes, sedosos, indemnes, tibios, delicadamente desnudos,
se sabe que la amada persiste en su vida.
Momentánea destrucción el amor, combustión que amenaza
al puro ser que amamos, al que nuestro fuego vulnera,
sólo cuando desprendidos de sus lumbres deshechas
la miramos, reconocemos perfecta, cuajada, reciente la vida,
la silenciosa y cálida vida que desde su dulce exterioridad nos llamaba.
He aquí el perfecto vaso del amor que, colmado,
opulento de su sangre serena, dorado reluce.
He aquí los senos, el vientre, su redondo muslo, su acabado pie,
y arriba los hombros, el cuello de suave pluma reciente,
la mejilla no quemada, no ardida, cándida en su rosa nacido,
y la frente donde habita el pensamiento diario de nuestro amor, que allí lúcido vela.
En medio, sellando el rostro nítido que la tarde amarilla caldea sin celo,
está la boca fina, rasgada, pura en las luces.
Oh temerosa llave del recinto del fuego.
Rozo tu delicada piel con estos dedos que temen y saben,
mientras pongo mi boca sobre tu cabellera apagada.

lunes, 5 de julio de 2010

No conozco Madrid

No conozco Madrid, no, no sé nada de ella, ni de su gente. No he olido, por ejemplo, el aire caliente que sube de las plazas después de las tormentas en verano. Ni he paseado jamás del brazo de nadie por el Retiro. No he tenido nunca la sensación de huir, de dejarme llevar una y otra vez por las calles más antiguas de la ciudad. Nunca he sentido que Madrid me mirara y no me viera, nunca he sentido que le fuera indiferente, que me dejara ser libre. Nunca.
Y jamás he conversado con ella, ni he visto el Manzanares, ni el Lago de la Casa de Campo. Jamás he sentido su abandono al llegar agosto, nunca he visto amanecer en un tren regional, nunca he visto al sol asomarse curioso entre los edificios de la Gran Vía, preguntarme qué tal la noche, si Madrid me complace, si he encontrado lo que buscaba, si Madrid me sirve, si quiero tomar algo más, si de día también hay vida.
Madrid no pregunta, no interroga, a Madrid no le interesas, para ella todos somos hijos y extranjeros, nuevos y viejos, de siempre y recién conocidos. Ella no es mi mejor amiga, no la conozco, ni me muero por volver cuando no estoy, ni creo que la eche de menos. ¿Quién podría hacerlo? Si Madrid jamás te va a querer, te lo ofrece todo y no te da nada, Madrid es fría, elegante y altiva, orgullosa y chula. Pero yo no lo sé, no lo he sabido nunca.
Nunca me he encontrado gente en el metro que estaba sacada de cómics, o de películas, de sueños de Dalí o de historias de mi abuela, por que Madrid sigue siendo antigua y moderna, sigue oliendo a cenizas en noviembre y a purpurina en Julio. No he paseado por la Castellana en diciembre, esperando a las carrozas, calentándome las manos con castañas asadas. No, nunca he vivido Madrid. Ni conozco ninguna pradera donde se le dé la bienvenida al verano. Por que en Madrid, eso creo, el verano empieza antes y termina después, como el invierno, como todo.
Y es que en Madrid lo exagerado se hace más grande, que si hay uno allí hay diez, que a nadie le importan los sucesos, que todos somos vecinos, que nadie es de aquí, pero que todos se quedan. Nadie. Nunca he sabido nada, ni yo, ni nadie. Pero lo más importante de todo, lo que más ignoro, lo que más me asusta, es que nunca he sabido muy bien donde termina la ciudad y donde empiezo yo

domingo, 4 de julio de 2010

Papás...

Los niños comienzan por amar a los padres. Cuando ya han crecido, los juzgan, y, algunas veces, hasta los perdonan.

Oscar Wilde

jueves, 1 de julio de 2010

El fantasma 2/2

Yo no hablaba con Nacho del fantasma. Mis amigas opinaban que era mejor que se lo dijera, que esas cosas hay que hablarlas. “Pero, chica, imagínate que no lo ve y que no sabe que tiene un bicho de esos en el cuarto”. Hombre, bicho, bicho, no era, que, a veces, ni asustaba ni nada, además era un fantasma muy mono, siempre repeinado y con ese vestido blanco que le sentaba tan bien. Me recordaba un poco a mí, pero era algo más bajita. Tuvo que ser una chica muy guapa en vida, todo hay que reconocerlo, que hay muy poca gente que se conserva así de bien después de tanto tiempo muerta, ya me quisiera yo ver en las mismas. El caso es que mis amigas insistían en aquello de la comunicación y la verdad. Yo intuía que hablar del tema era como romper una norma implícita en la relación, como tocar un botón que yo sé que no debo tocar. Y así era, porque un día, tras dejarme convencer por mis amigas, le dije a Nacho que tenía que hablar con él. Le conté lo del fantasma, le pregunté si lo veía y bajó la mirada.

Desde aquel día no supe nada de él. Encima me quedé con la duda de si lo veía o no. Quizás me dejó porque se pensaba que era una neurótica o que me lo estaba imaginando, aunque quizás hubiera roto un muro que él estaba tratando de levantar. Me sentía como si le hubiera dado más fuerza al fantasma al nombrárselo a él, como si me hubiera cargado todos los esfuerzos de Nacho por fingir que no existía y por hacerme creer a mí lo mismo. Siempre me quedaré con la duda.

No volví a ver a Nacho, es cierto, pero su cuarto sí. Fue un tiempo después, una noche de viernes, casi sin enterarme, noté como algo tiraba de mí con fuerza y me encontré flotando sobre la cama de Nacho, pero a él no lo veía, solo pude ver a una chica morena, que no se parecía a mí, mirándome desde el reflejo de unos ojos.

martes, 29 de junio de 2010

Mientras tanto, miro la vida pasar...

Fangoria - Miro la vida pasar

Mi indiferencia natural
Curtida en mil batallas contra la pereza
Borrar del mapa todo amor
Porque en mi vida todo acaba como empieza

Y en plan travesti radical
Le doy la espalda a cualquier muestra de tristeza
¿Melancolía o decepción?
¿Felicidad o tentación?
Todo podría ir a peor...

[Estribillo]
Mientras tanto miro la vida pasar
Y no sabes cuanto me cuesta aceptar que no volverás
Por el momento miro la vida pasar
Sin venir a cuento alguien te vuelve a nombrar

Pasado el tiempo sigo igual
A veces pienso que he perdido la cabeza
Y algunos días sin razón
Ya ni me late el corazón
En esta cárcel de rencor

[Estribillo]

Siempre he sido fuerte
Aunque a veces he dudado
Si la suerte no se ha reído de mí...

domingo, 27 de junio de 2010

El fantasma 1/2

Mi exnovio tenía un fantasma en casa, yo siempre se lo decía a mis amigas. Les decía: “Nacho tiene un fantasma en casa”, “¿Pero cómo en casa?, ¿en toda la casa?”, me preguntaban. “¡Qué va, mujer!, solo en la habitación.” “A bueno, menos mal, chica, me estabas asustando, si no, menudo engorro”. Y es que un poco engorro si que era, la verdad, porque una empieza a ponerse tierna y picantota y viene el bicho ese de repente, así, sin sábana blanca ni nada, a ponerse en medio. Para mí que era un fantasma algo celoso, si no, ¿a qué venía eso de aparecerse en el dormitorio cuando íbamos a acostarnos? Y mira que no se aparecía ni cuando lo hacíamos en el coche ni en mi casa. Ahí nada, a veces, en mi casa, me quedaba esperando, muy quieta, por si veía su silueta reflejada en las pupilas de Nacho, pero nada. Por que esa es otra, jamás aparecía directamente, siempre tenía que verlo reflejado en sus ojos.

Siempre era igual, primero Nacho me sonreía y me acariciaba. Luego se ponía a pensar, por que ponía esa cara de pensar tan típica en los hombres, esa cara que dice: “Estoy pensando, no me toques que no puedo hacer otra cosa” y dejaba de mirarme. No miraba a nada, vamos, yo no veía que en la pared de enfrente o en el techo del cuarto, hubiera nada que mirar y se quedaba allí sin dejar de acariciarme mientras fingía que no me daba cuenta, pero yo sabía que estaba apunto de aparecerse, era casi como si lo oyera aullar por el pasillo. La mayoría de las veces intentaba no mirar, que vaya susto el primer día, pero con el tiempo, una se acaba acostumbrando. Luego, pasado un rato, cuando ya no se podía fingir más, cuando estaba apunto de preguntarle a Nacho si le pasaba algo, el fantasma se iba, de golpe, ni siquiera usaba la puerta, y Nacho despertaba, como si hubiera estado poseído, quizás estuviera poseído. Y me volvía a mirar con ojos tristes, como si le diera lástima, y seguía acariciándome. A veces pienso que me acariciaba como por obligación. En su cuarto, con el fantasma, nunca quería hacerlo, es como el que saca al perro por las noches, malditas las ganas que tiene de salir de casa, pero hay que sacarle, si no el perro se muere. Yo le sonreía, como una tonta, porque eso dicen mis amigas que soy: una tonta, y aceptaba su mirada de lástima y sus caricias de segunda mano. Por que en su cuarto, después de que el fantasma se hubiera ido, sus manos me rozaban como si estuvieran usadas, la verdad que no entiendo porque tenía esa sensación, pero así es, eran como manos que me tocaban a mí porque no podían tocar a quien querían, como manos conformistas.

sábado, 26 de junio de 2010

La vida


miércoles, 23 de junio de 2010

Sanjuaneroperdido

Quizás en las fiestas de San Juan, quizás en otro lado en otro momento, quizás vuelva :)

lunes, 21 de junio de 2010

"¿Recuerdas, dime, / aquellos juncos tiernos / lánguidos y amarillos/que hay en el cauce seco?"

¿mi Amor? - Antonio Machado

¿Mi amor?...¿Recuerdas, dime,
aquellos juncos tiernos
lánguidos y amarillos
que hay en el cauce seco?...

¿Recuerdas la amapola
que calcinó el verano,
la amapola marchita,
negro crespón del campo?...

¿Te acuerdas del sol yerto
y humilde en la mañana,
que brilla y tiembla roto
sobre una fuente helada?...

sábado, 19 de junio de 2010

Reflejo X

Fernando tenía la costumbre, desde pequeño, de caminar de espaldas, como si fuera un cangrejo recién salido del mar. Quizás lo hacía para no perderse de camino a casa, o simplemente porque le gustaba saber de donde venía y le interesaba muy poco saber a donde iba. Puede. Lo cierto es que caminaba hacia atrás, con tanta habilidad, que ya apenas se chocaba con la gente al salir del metro y casi nunca se caía al subir las escaleras. La verdad es que le hacía ir algo más lento que los demás, hay que tener en cuenta que, por muy raro que fuera, Fernando no tenía ojos en la nuca. Su madre siempre le regañaba.

−Un día te vas a matar −le decía−. Y no pienso enterrarte de espaldas.

jueves, 17 de junio de 2010

Libertad...

"La libertad es para soñarla."

Carmen Martín Gaite

martes, 15 de junio de 2010

Y nos preguntamos qué falla...

Hoy en el autobús iba escuchando la conversación de dos niñas, se han puesto a jugar y a cantar una canción que ya se cantaba cuando yo era un crío, incluso yo la he cantado alguna vez. La canción decía: "Don Federico mató a su mujer, la hizo picadillo y la puso a remover". Al escucharla de nuevo se me han puesto los pelos de la nuca de punta, y no por la entonación de las niñas precisamente.
Y luego, nos preguntamos qué es lo que falla...

domingo, 13 de junio de 2010

"So don't bother, be unkind"

Shakira - Don´t Bother

She's got the kind of look that defies gravity
She's the greatest cook
And she's fat free

She's been to private school
And she speaks perfect French
She's got the perfect friends
Oh isn't she cool

She practices Tai Chi
She'd never lose her nerve
She's more than you deserve
She's just far better than me

Hey hey

So don't bother
I won't die of deception
I promise you won't ever see me cry
Don't feel sorry

And don't bother
I'll be fine
But she's waiting
The ring you gave to her will lose its shine
So don't bother, be unkind

I'm sure she doesn't know
How to touch you like I would
I beat her at that one good
Don't you think so?

She's almost 6 feet tall
She must think I'm a flea
I'm really a cat you see
And it's not my last life at all

Hey hey

So don't bother
I won't die of deception
I promise you won't ever see me cry
Don't feel sorry

Don't bother
I'll be fine
But she's waiting
The ring you gave to her will lose its shine
So don't bother, be unkind

For you, I'd give up all I own
And move to a communist country
If you came with me, of course
And I'd file my nails so they don't hurt you
And lose those pounds, and learn about football
If it made you stay, but you won't, but you won't

So don't bother,
I'll be fine, I'll be fine, I'll be fine, I'll be fine
Promise you won't ever see me cry

And after all I'm glad that I'm not your type
Promise you won't ever see me cry

So don't bother,
I'll be fine, I'll be fine, I'll be fine, I'll be fine
Promise you won't ever see me cry

And after all I'm glad that I'm not your type, not your type, not your type, not your type
Promise you won't ever see me cry

viernes, 11 de junio de 2010

Los polos invertidos (FIN)

Había estado esperando durante varias horas en la puerta de la habitación. No querían dejarle entrar hasta que no estuviera del todo despierto, pero le aseguraron que estaba bien. Al día siguiente le harían unas pruebas para comprobar los daños en la cabeza, pero probablemente pudiera marcharse a casa por la tarde. Borja tenía una pierna rota y varias contusiones en las costillas, por lo demás estaba sano. Una enfermera salió a decirle que Borja se había dormido y que podía regresar al día siguiente si quería. Julio preguntó si podía quedarse con él por si se despertaba y la enfermera lo dejó pasar a la habitación. Borja dormía tapado con una sábana hasta los hombros, tenía los brazos relajados y una pierna sostenida en alto. Julio pudo fijarse en sus facciones por primera vez. Parecía mucho más joven de lo que era y la tranquilidad de su cara recordaba una especie de serenidad que relajó a Julio. Sin saber por que, se acercó y dejó su chaqueta y la corbata en el sillón que había junto a la cama, luego se sentó y cogió la mano del chico. La enfermera volvió al rato con una almohada para Julio.

−No se preocupe, se pondrá bien.

−Gracias.

−Es muy guapo, menos mal que llevaba casco.

Julio sonrió.

−Sí, la verdad es que sí.

−¿Llevan mucho tiempo juntos?

−¿Perdone?

−Qué si…Oh, perdón, he supuesto que eran pareja… lo siento.

Julio miró a Borja y la enfermera se marchó de allí en silencio. Pensó que hubiera sido muy fácil tranquilizarla, decirla que no se preocupara, que no le había molestado y que no, no eran pareja. Incluso habría disfrutado pudiendo contarle a alguien la historia de cómo se habían conocido, pero no lo hizo. No sabía la razón, pero prefería no hablar de Borja, de momento era algo suyo, solo suyo. Su móvil sonó. Era un mensaje de Ramón. Apagó el teléfono sin leerlo. Colocó la almohada y volvió a agarrar la mano de Borja hasta que se quedó dormido.

Borja pone sin cuidado toda su ropa del armario en la maleta mientras Julio le mira desde el quicio de la puerta. No se han dirigido la palabra en todo el día y se han visto llorar varias veces.

Julio: No tienes por que irte, no seas cabezota, Borja, ¿es que no podemos hablarlo?

Borja: No tengo más que hablar, me quieres fuera de tu casa y eso haré. Me iré con mi mamaita y mi papaito a que me mantengan mientras hago fotos.

(Julio se calla lo que iba a decir y permanecen un rato en silencio.)

Julio: Escucha, sé que me pasé el otro día, pero había puesto mucha ilusión en el viaje.

(Borja sigue abriendo cajones y metiendo su contenido en la maleta.)

Borja: ¿Qué pasa que te ha entrado el miedo de que te denuncie y ya no quieres que me vaya?

Julio: ¿De qué? ¿Por qué ibas a denunciarme?

Borja: Por el accidente, por casi dejarme tullido.

Julio: Esto es el colmo, ¿pero se puede saber de qué vas? ¿Sabes que yo podría haberte denunciado a ti también? El accidente lo provocaste tú, las marcas en el asfalto eran de la moto, fuiste tú el que perdiste el control, ¿sabes?, siempre has tenido esa idea ridícula de que te tenía en mi casa por lástima. ¡No te conocía de nada, joder! Y hace ya casi seis meses, ¡seis meses, por Dios! Eso me pasa por enredarme con niños. ¿Y lo de casi tullido? Pero si tenías una pierna rota, pierna que hace ya más de un mes que está totalmente recuperada.

Borja: ¿Entonces no estás conmigo para que no te denuncie?

Julio: Con todo lo que me he gastado en ti estos meses habría cubierto de sobra una indemnización.

(Julio se sienta en la cama y mira a la pared, están en lados opuestos de la habitación, de manera que se dan la espalda.)

Julio: (Muy calmado) Lárgate.

Borja: Pero si no es por lástima puedo quedarme, ahora ya…

Julio: (Sigue calmado) Vete, Borja, no quiero volver a verte.

(Borja se queda quieto un rato sin saber que hacer, tiene una camiseta entre las manos. Llorando en silencio, termina de hacer la maleta, la cierra y sale de allí.)

Borja abrió los ojos, se sentía muy mareado y perdido. Vio las luces blanquecinas de los fluorescentes del pasillo y la sombra abotargada de su pierna. En seguida recordó lo que había pasado y se agitó. Entonces se dio cuenta de que su mano agarraba la mano de otra persona. Giró la cabeza y vio a Julio dormido sobre un sofá. Al moverse, se despertó también y lo miró sonriendo. No sabía que pensar, y, sobre todo, no entendía por qué se alegraba tanto de que aquel desconocido siguiera con él. Julio se levantó sin soltarle la mano y se acercó a la cama. Le preguntó si estaba mejor, con una voz muy grave y muy dulce, una voz que en seguida hizo que Borja se relajara y se dejara caer de nuevo sobre la cama. Asintió sin hablar.

−Llamaré a la enfermera.

−No, estoy bien, de verdad.

Julio puso su mano sobre la cabeza, no tenía fiebre, al menos no se le había infectado la herida.

−Dime la verdad, me la han amputado.

Permanecieron en silencio, luego Julio se echó a reír.

−Solo tienes la pierna rota, el médico ha sido muy optimista.

A Julio le pareció que se decepcionaba.

−¿Querías que te la amputaran o qué?

−Claro que no −dijo riendo.

Al día siguiente le hicieron las pruebas, momento que Julio aprovechó para irse a su casa, ducharse y volver con ropa limpia. Tuvo que mentir en el trabajo para faltar aquel día, pero quería asegurarse de que Borja no tenía nada. Cuando le dieron el alta, Julio insistió en que se quedara unos días en su casa hasta que pudiera manejarse con las muletas.

−Y que conste que solo me mueve el interés económico, en cuanto esté seguro de que no me vas a denunciar, te pongo de patitas en la calle −dijo Julio riendo mientras le ayudaba a meterse en el taxi.

Una calle de barrio, a la izquierda hay un local cerrado con una persiana metálica y un graffiti pintado. A la derecha hay un semáforo. Borja aparece por la derecha y camina perfectamente, lleva la maleta que ha sacado de casa de Julio y carga la muleta sobre el hombro. Llega a la puerta metálica y la abre, deja lo que lleva en el suelo y destapa su moto, la saca del garaje, cierra la verja y la arranca. Mientras cierra la persiana, un coche ha aparecido por la izquierda y se para junto al semáforo, es un Peugot 406 gris. Borja se monta en la moto, arranca y choca contra él.

miércoles, 9 de junio de 2010

La vida a los 40

lunes, 7 de junio de 2010

Los polos invertidos (II)

Julio sale de la habitación y Borja al verlo se limpia las lágrimas.
Julio: ¿Otra vez llorando?
Borja: Déjame en paz.
Julio: Ya te he dicho que lo siento, Borja, no sé qué quieres que haga.
(Borja gira la cabeza y deja de mirarle.)
Borja: Más lo siento yo.
Julio: Estoy empezando a cansarme de tus niñerías. El médico me dijo que estabas perfectamente para que nos fuéramos, siempre y cuando no te hiciera caminar mucho.
Borja: El médico dirá lo que quiera, pero yo no voy a la playa con la pierna así.
Julio: Ya, ya lo he visto. Sin importarte una mierda lo que los demás hayamos tenido que hacer para organizarlo.
Borja: Tu te crees que lo sabes todo por que tienes un trabajo y un piso y que puedes llevarme y hacer conmigo lo que te de la gana por que soy un niñato muerto de hambre.
(Julio le mira sorprendido.)
Julio: Jamás te he reprochado el que no trabajes.
Borja: ¿Ves?, es eso. Para ti las fotos son una afición, pero es mi trabajo. Quizás deberías echarme de tu casa si piensas eso. ¿O sientes lástima por el tullido que tiene que usar muletas por tu culpa?
Julio: No empieces con el tema, Borja, el accidente no fue culpa de nadie.
Borja: Ya.
Julio: Revuélcate en la mierda todo lo que quieras, cuando estés dispuesto a madurar y a hablar como adultos, te estaré esperando.
(Julio se va del salón y entra en su cuarto dando un portazo.)

−¿Quién es usted?
La enfermera ni siquiera le miraba, solo tecleaba cosas en su ordenador mientras mascaba chicle. Julio pensó la respuesta: “¿Quién soy?” Lo cierto era que no conocía a Borja de nada, de hecho en ese momento se dio cuenta de que ni siquiera sabía su nombre, pero dudaba que a la enfermera le interesara la historia. El conductor de la ambulancia y el guardia civil le habían dicho que no era necesario que le acompañara hasta el hospital, pero había sentido la necesidad de hacerlo, quizás movido por el sentimiento de culpa de haberlo querido abandonar antes. El camillero fue hablando con él mientras atendían a Borja y le explicaba que tenía pinta de no haber sido muy grave. Julio dejó su coche a cargo del guardia civil, que lo vigilaría hasta que llegara la grúa. Desde la moto del guardia, escuchaba las preguntas y respuestas que los médicos le hacían a Borja para comprobar si estaba consciente:
−¿Dónde vive?
−En un piso en la calle Princesa.
−¿Cuántos años tiene?
−Veinticuatro.
−¿Vive solo?
−Sí, es un piso compartido.
−¿Tiene familiares en Madrid?
−No.
−¿Cómo se llama?
El guardia civil le tocó en el hombro.
−¿Puede soplar aquí?
Luego ya no había podido dejarle solo. Quizás el hecho de enterarse de que tenía casi diez años menos que él y que estaba solo en Madrid le hizo sentir la necesidad de protegerlo. A los médicos les había costado soltarles las manos, le aseguraron que Julio seguiría allí, que no se iba, pero que tenía que hablar con las autoridades. Todos daban por supuesto que se conocían, incluso el guardia civil que no les había visto juntos. Después de rellenar el informe, pidió permiso para ir en la ambulancia. Borja estaba sedado, pero le había prometido que se quedaría con él. “¿Qué quién era?”.
−Soy un amigo, he venido con él en la ambulancia.

Borja silba mientras ve la televisión, Julio entra por la puerta y sonríe al verlo silbar, pero Borja se calla.
Julio: ¿No piensas hablarme nunca?
(Borja no contesta.)
Julio: Es absurdo que vivas aquí y que no hablemos, creo que tenemos que aclarar algunas cosas.
Borja: (Sin mirarle) Tú tienes la “verdad absoluta”, ilumíname con tu sabiduría.
Julio: No me jodas con estupideces y mírame a la cara, vamos a hablar.
Borja: Algunas personas llaman a esto hablar.
(Sigue sin mirarle.)
Julio: Si quieres que las cosas sean difíciles, serán difíciles. Mañana te quiero fuera de mi casa. Buenas noches, Borja.
(Julio se mete de nuevo en su habitación. Borja se queda mirando fijamente la televisión, están emitiendo un programa de preguntas y respuestas.)

domingo, 6 de junio de 2010

"No me fío de la rosa"

No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.

Pedro Salinas - Fe mía.